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	<title>El mirall dels llibres &#187; Eduardo Mendoza</title>
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	<description>Revista cultural</description>
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		<title>Qué lee Eduardo Mendoza?</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Sep 2015 09:37:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Xavier Lloveras Puchercós]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Los libros preferidos de...]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Mendoza]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>¿Cuál fue el primer libro que te descubrió que la lectura no era un castigo sino un premio? El primero que llegó a mis manos: un cuento infantil ilustrado que todavía recuerdo. ¿Qué sentiste cuando viste publicado tu primer libro? La reacción del perfecto neurótico: ahora ya no podré volver a publicar mi primer libro. ¿Cuál de tus libros recomiendas a alguien que no te ha leído? Depende de la persona. ¿Qué cinco libros recomiendas...</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>¿Cuál fue el primer libro que te descubrió que la lectura no era un castigo sino un premio?</strong></p>
<p>El primero que llegó a mis manos: un cuento infantil ilustrado que todavía recuerdo.</p>
<p><strong>¿Qué sentiste cuando viste publicado tu primer libro?</strong></p>
<p>La reacción del perfecto neurótico: ahora ya no podré volver a publicar mi primer libro.</p>
<p><strong>¿Cuál de tus libros recomiendas a alguien que no te ha leído?</strong></p>
<p>Depende de la persona.</p>
<p><strong>¿Qué cinco libros recomiendas sin pensártelo ni un momento?</strong></p>
<p><em>Los Anales</em> de Cornelio Tácito, <em>La educación sentimental</em> de Flaubert, <em>La Ilíada</em>, <em>Crimen y castigo</em>, <em>Las aventuras de Sherlock Holmes</em>.</p>
<p><strong>¿Qué escritor te parece que te hubiera gustado conocer y por qué?</strong></p>
<p>Sigmund Freud. Para ver qué me decía</p>
<p><strong>¿Qué escritor que te gusta te parece que no te hubiera gustado conocer?</strong></p>
<p>No tengo ganas de pensarlo.</p>
<p><strong>¿Cuál es tu autor – o libro – absolutamente preferido?</strong></p>
<p><em>Guerra y Paz</em>.</p>
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		<title>Venecia según Eduardo Mendoza</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Aug 2015 10:39:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Xavier Lloveras Puchercós]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacados derecha]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Mendoza]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Finalizadas aquellas lluvias primaverales, el tiempo cambió radicalmente: ahora se sucedían los días soleados y hacía un calor húmedo; pronto las aguas quietas de algunos canales empezaron a desprender efluvios mefíticos. Con la llegada del verano la afluencia de visitantes se multiplicó ; ahora era difícil caminar por las calles céntricas y en los lugares más afamados se producían diariamente avalanchas que a menudo resultaban en traumatismos, fracturas y luxaciones. El griterío era ensordecedor en...</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Finalizadas aquellas lluvias primaverales, el tiempo cambió radicalmente: ahora se sucedían los días soleados y hacía un calor húmedo; pronto las aguas quietas de algunos canales empezaron a desprender efluvios mefíticos. Con la llegada del verano la afluencia de visitantes se multiplicó ; ahora era difícil caminar por las calles céntricas y en los lugares más afamados se producían diariamente avalanchas que a menudo resultaban en traumatismos, fracturas y luxaciones. El griterío era ensordecedor en todas partes, incluso en aquellas que por su naturaleza parecían destinadas a la contemplación callada. También era evidente que la categoría social de estos turistas había bajado en proporción directa al incremento de su número: ahora la mayoría de turistas vestían andrajos y apestaban; los más dormían al raso, envueltos en mantas o trapos e incluso en hojas de diario, amontonados los unos sobre los otros. Por no gastar dinero consumían alimentos enlatados, que muchas veces les producían vómitos y diarreas. Algunos restaurantes económicos, por negligencia o por lucro, servían comidas en malas condiciones y no pocos vendedores ambulantes despachaban carne, pescado, verdura y fruta en estado de verdadera descomposición: esto también causaba estragos entre la población flotante. Sin embargo, no todos los turistas eran víctimas de la situación: también habían acudido a la ciudad ladrones, estafadores y carteristas; malhechores y rufianes medraban a costa del hacinamiento y la confusión. Un tráfico intenso y lucrativo de estupefacientes, objetos robados y falsificaciones se desarrollaba a plena luz, en la más absoluta impunidad. Si ahora deambular por los sectores concurridos de la ciudad resultaba exasperante, hacerlo por las callejuelas retiradas y desiertas entrañaba peligros diversos: allí salteadores, drogadictos y majaderos caían sobre los paseantes indefensos para despojarlos de sus pertenencias y propinarles palizas vesánicas. Al menor signo de resistencia salían a relucir navajas y punzones y hasta dagas de empuñadura labrada, recamadas de pedrería, que apenas unas horas antes habían figurado en las vitrinas de algún museo. Cadáveres desnudos, con el cuerpo lacerado, el cráneo roto o la cabeza separada del tronco, aparecían luego, flotando en los canales, de los que emergían en el momento más inopinado, sembrando el pánico entre los recién casados o los matrimonios de más edad que habían acudido allí a pasar su luna de miel o a celebrar sus bodas de plata y que veían de pronto cómo una mano exangüe se aferraba rígidamente a la boda de la góndola que los paseaba o cómo unos ojos vidriosos les observaban fijamente desde el fondo del canal a cuyas aguas se habían asomado buscando el reflejo de aquellos palacios serenos y armoniosos. Nadie estaba libre de estas asechanzas y menos aún las mujeres jóvenes a las que se hacía objeto de agresiones y abusos con frecuencia obsesiva. Las que se apartaban de los circuitos más frecuentados llevadas de la curiosidad o en pos de un poco de sosiego o atraídas por los requerimientos de un seductor fingido eran violadas de fijo cuando no cloroformizadas y expedidas a lúgubres prostíbulos de Karachi, Penang o Asunción. Las autoridades de veían desbordadas por las circunstancias y se limitaban a preservar mal que bien la integridad física de la ciudad: un helicóptero la sobrevolaba incesantemente para prevenir a las fuerzas del orden y a los bomberos si se producían incendios o saqueos o si algún brote de violencia degeneraba en batalla campal. Aparte de esta medida, dejaban que imperase la ley de la selva. También los venecianos parecían haber abandonado las calles a los turistas y logreros y haberse refugiado en el interior de sus casas sombrías.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">                                                                                   (<em>La isla inaudita</em>, Seix Barral, 1989)</p>
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		<title>Perfil de Eduardo Mendoza</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Aug 2015 10:24:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Xavier Lloveras Puchercós]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Perfiles]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Mendoza]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Eduardo Mendoza Garriga nació en Barcelona en 1943. En 1975, cuando vivía en Nueva York ejerciendo de traductor, publicó su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta, que recientemente recuperó su título original, Soldados de Cataluña. De base policiáca y política, retrata la Barcelona de les primeras décadas del siglo XX, cuando se parecía más al Chicago de Al Capone que al Amsterdam de los coffee shops, como ahora. Consiguió, además, la cuadratura del...</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Eduardo Mendoza Garriga nació en Barcelona en 1943. En 1975, cuando vivía en Nueva York ejerciendo de traductor, publicó su primera novela, <em>La verdad sobre el caso Savolta</em>, que recientemente recuperó su título original, <em>Soldados de Cataluña</em>. De base policiáca y política, retrata la Barcelona de les primeras décadas del siglo XX, cuando se parecía más al Chicago de Al Capone que al Amsterdam de los coffee shops, como ahora. Consiguió, además, la cuadratura del círculo literario: unir en una sola obra la manía experimental que hacía furor en la narrativa hispánica y europea de la época – collages, montajes cinematográficos, homenajes literarios, radicalidad política – con la gran tradición narrativa popular del siglo XIX – la corriente que bebe de Dickens y Pérez Galdós – para construir una obra moderna y entretenida, algo que parecía imposible si no era en las manos de Vargas Llosa. La parte experimental desapareció en las obras posteriores, a no ser que consideremos experimentales los largos parlamentos gamberros con que nos mata de risa en todas sus obras, ya sea narrativas o de ensayo.</p>
<p style="text-align: justify;">            Aparecieron después dos novelas policíacas que son, para muchos, sus obras maestras y de las pocas novelas española que pueden ponerse a la altura del <em>Lazarillo</em> en la recuperación moderna de la picaresca: <em>El misterio de la cripta embrujada</em> (1978) y <em>El laberinto de las aceitunas</em> (1982). Con <em>La ciudad de los prodigios</em> (1986) consiguió el sueño de todos los escritores: lograr la gran novela – una de las grandes novelas, mejor – de su lugar natal, ya sea América o Uzbekistán. En el caso de Mendoza, una de las grandes novelas – con el permiso de Mercè Rodoreda y de la <em>Vida</em><em> privada</em> de Josep M. de Sagarra, una de sus fuentes – de Barcelona.</p>
<p style="text-align: justify;">            A partir de entoces, Mendoza siguió con una obra a la vez muy personal y muy variada: fantaciencia – si nos permiten utilizar la palabra italiana que da un toque humorístico a la más seria ciencia ficción hasta convertirla en las <em>Cosmicómicas</em> de Italo Calvino – en <em>Sin noticias de Gurb</em> y <em>El trayecto del Horacio dos</em>, la invención de una Venecia única vista por un catalán cansado en <em>La isla inaudita</em>, un recuerdo de <em>La vida de Brian</em> en <em>El asombroso viaje de Pomponio Flato</em>, dos novelas que recuperan al detective indigente de la <em>Cripta</em> con muchas carcajadas aunque no el mismo acierto literario o una ida al Madrid cercano a la guerra civil en <em>Riña de gatos</em>. En el apartado de miscelánea se encuentran desde obras de teatro en catalán hasta libros de viaje o ensayos literarios.</p>
<p style="text-align: justify;">Todos los libros de Eduardo Mendoza <a href="http://www.llibresdelmirall.com/es/buscar?orderby=position&amp;orderway=desc&amp;search_query=eduardo+mendoza&amp;submit_search=" target="_blank">aquí</a>.</p>
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